El 17 de octubre como fecha para limpiar de escena las traiciones que caracterizan al PJ. Cristina Kirchner ya parece jugar a favor de la reelección de Javier Milei. La duda del presidente no es el oponente, sino el bolsillo de los argentinos.
Javier Milei tiene por delante un largo año antes de enfocarse directamente en la campaña por la reelección presidencial. Tiene un par de condiciones previas que solucionar
El desafío no pasa solamente por sostener el equilibrio fiscal y los avances que el Gobierno exhibe en materia de estabilización macroeconómica. Necesita, además, que esos resultados lleguen al bolsillo de los argentinos. Hasta ahora, los números del INDEC muestran que ese proceso tiene todavía un largo camino por recorrer.
La inflación de septiembre fue del 1,9% y acumuló 33,4% en los últimos doce meses. Sin embargo, detrás de ese promedio aparece una realidad diferente para las familias. Los gastos de vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles aumentaron 49,1% interanual; educación, 39,9%; comunicaciones, 37,3%; transporte, 36,2%, y alimentos, 35,1%.
Es decir, buena parte de los gastos que una familia no puede evitar subieron más que la inflación general.
La diferencia resulta todavía más evidente cuando se compara la evolución de bienes y servicios. Los primeros aumentaron 29,2% en un año, mientras que los segundos avanzaron 41,9%. Los precios regulados, por su parte, crecieron 43,3%, casi diez puntos por encima del índice general.
La cuestión tiene consecuencias electorales. Un Gobierno puede exhibir orden fiscal, menor inflación y resultados macroeconómicos, pero la percepción de los hogares depende también de cuánto dinero queda disponible después de pagar los gastos habituales.
La inflación que pesa sobre todos los ingresos
El último informe del INDEC permite identificar esa diferencia. La división vivienda y servicios públicos superó por 15,7 puntos porcentuales la inflación general. Los alimentos, aunque registraron un incremento menor, conservaron un peso determinante dentro del presupuesto familiar.
Esa es la inflación real que soporta el bolsillo del argentino medio. ¿Alcanzan para cambiar el ánimo del votante que por otro lado aun no ve alternativa electoral a la oferta del presidente?
¿Es posible que entre el cansancio al ajuste que muestran los bolsillo y la oferta de una oposición que no plantea hoy ningún otro programa económico haya un punto de encuentro?
Son las preguntas sin respuesta que hoy dan vuelta en las mesas de las consultoras y tambien de los intendentes, sobre todo del conurbano bonaerense que, dentro del PJ o afuera, analizan chances antes de cerrar algún acuerdo.
En el Gran Buenos Aires, por ejemplo, aportaron 8,68 puntos porcentuales a una inflación interanual del 33,5%. Es decir, explicaron aproximadamente una cuarta parte del incremento general de los precios.
El Noreste mostró una situación todavía más marcada. Allí, la inflación llegó al 36,9% y los gastos vinculados con vivienda y servicios aumentaron 76,9%. Los alimentos subieron 40,8% y explicaron cerca del 40% del índice regional.
A esa presión se suma el costo de la medicina prepaga. En octubre hubo afiliados que recibieron comunicaciones con incrementos del 2,3% en sus cuotas, frente al 1,9% que había marcado la inflación de septiembre. No todas las empresas aplicaron el mismo ajuste, pero el ejemplo expone otro componente del gasto familiar que continúa bajo presión.
Para el Gobierno, la cuestión no es menor. La baja de la inflación no significa que los precios retrocedan. Significa que aumentan a menor velocidad. Y mientras los ingresos no consigan mejorar frente al conjunto de esos gastos, el alivio seguirá sin alcanzar a todos los sectores.
La estrategia electoral de Milei dependerá de la evolución de esa relación.
El peronismo, entre la lealtad y las traiciones
Pero si Milei enfrenta un problema económico para llegar a 2027, del otro lado encuentra una oposición que todavía no consigue ordenar su propia sucesión.
El peronismo volvió a ofrecer este 17 de octubre una demostración de su imposibilidad de construir una alternativa presidencial. La celebración del Día de la Lealtad terminó atravesada, una vez más, por las disputas entre Cristina Fernández de Kirchner que destruye antes de reconocer que esta fuera de carrera y aquellos que buscan abrir una etapa diferente. La institucionalidad y la ley nunca fueron un obstáculo para el kirchnerismo y esta vez vuelven a bloquear cualquier intento de renovación en el PJ.
La palabra lealtad, tan utilizada en la liturgia justicialista, volvió a quedar atrapada en una discusión sobre quién responde a quién y dónde comienza la traición. Es solo eso, el resto papel pintado.
Fuente MDZ
