La Estatua de San Cayetano en el Arroyo Aguanda.Lo primero es comentarles un poco la biografía de este famoso santo, que es venerado por los católicos y cuya estatua se encuentra en casi todas las iglesias. Después, pónganse a leer con atención, porque les voy a relatar la historia sobre la estatua de este santo que en la actualidad se encuentra en la Capilla del Paraje Paso de las Carretas. El santo nació en 1480 en Vicenza, cerca de Venecia, Italia, y de niño quedó huérfano de padre. Estudió en la Universidad de Padua, donde obtuvo dos doctorados, y allí sobresalía por su presencia venerable y por su bondad exquisita, que le ganaba muchas amistades. Después se fue a Roma, y en esa ciudad capital llegó a ser secretario privado del papa Julio II y notario de la Santa Sede. A los 33 años fue ordenado sacerdote y, a partir de ahí, inició una vida dedicada a la ayuda de los pobres y de los enfermos. Pero su máxima preocupación fue la corrupción reinante en la Roma de esos años, razón por la cual formó una congregación para socorrer a personas carenciadas y desprotegidas.Fundó los padres teatinos (nombre que les viene de Teati, la ciudad de la cual era obispo el superior de la comunidad, monseñor Caraffa, que después llegó a ser el papa Pablo IV). “Me siento sano del cuerpo, pero enfermo del alma al ver cómo Cristo espera la conversión de todos, y son tan poquitos los que se mueven a convertirse”, escribió San Cayetano a un amigo. San Cayetano era de familia muy rica; sin embargo, se desprendió de todos sus bienes y los repartió entre los pobres. Fundó asociaciones llamadas “Montes de piedad” (Montepíos), que se dedicaban a prestar dinero a gente muy baja de recursos con bajísimos intereses. Murió a los 67 años y el Sumo Pontífice lo declaró santo en 1671. En Argentina se lo venera como el santo que ayuda a proveer de pan y trabajo, pero en el resto del mundo es común invocarlo para el auxilio de los pobres y desprotegidos.RELATO DE LA ESTATUA DE SAN CAYETANO Entre el año 1971 y 1972 aproximadamente, se trasladaban desde el paraje Aguanda hacia la Escuela Benito Lynch del Paso de las Carretas un grupo de niños. Era época invernal, hacía mucho frío y ese día había una leve llovizna. Con estos chicos también caminaba un señor de apellido Parra, de nacionalidad chilena, que realizaba trabajos de limpieza en la mencionada escuela y de paso acompañaba a los niños (que eran dos o tres). Recorría un largo camino de arena rodeado de campo hasta llegar al asfalto; este trayecto lo hacían a pie, dado que por la arena no se podía andar en bicicleta.Al finalizar la clase y al retirarse, se juntaban con otros chicos que vivían en las inmediaciones del arroyo, como los Moreno y los Martínez, que llegaban hasta el puente y de allí se separaban. Daba la casualidad de que, al llegar al puente, uno de los niños, llamado Heriberto, observó un bulto como de un tronco o algo así, que llamó la atención de los demás chicos.Desde arriba del puente del arroyo Aguanda se veían correr las aguas cristalinas y este raro bulto, que parecía un niño atravesado en el arroyo. Este chico esperó a que llegara Parra, que estaba a unos metros, y le dijo: “Mire lo que hay allí abajo”. De forma inmediata, esta persona descendió al bajo del arroyo y, con un palo, arrimó el bulto, que estaba envuelto con unas bolsas arroceras o arpilleras. Entre los dos lo sacaron al costado y comenzaron a desenvolverlo, porque debajo de la arpillera se encontraba algo envuelto en diario. Se temía lo peor: podría ser una criatura. Pero no fue así. Todos se quedaron sorprendidos porque lo que descubrieron era una estatua de un santo. Después de salir del asombro, comenzaron las preguntas: ¿De dónde salió?, ¿quién la arrojó o la dejó allí? (el agua pudo haberla arrastrado a pesar del peso de la estatua). Bueno, ¿qué se hacía ahora con ella? Parra tomó la decisión de enviar a un chico hasta la escuela para que viniera la directora, que en esa época era la señora María Rosa Puebla de Negreira. Al llegar al lugar, ella también quedó sorprendida, preguntó quién la había encontrado y si se la llevaría a su casa. Heriberto obviamente pensó: ¿Cómo se iba a llevar a un santo tan pesado y además su casa quedaba muy lejos?Entonces le sugirieron a la directora si la podían llevar a la capilla para dejarla allí, y así lo hicieron. Dejaron al santo —que después se supo que era San Cayetano— y hasta hoy se encuentra en el altar. ¡Lástima que no hay nada que relate su historia para los visitantes!Bueno, amigos, esta es mi historia. Digo “mía” porque yo fui el que encontró esta estatua. Les dejo una foto de ella, y cuando puedan, visiten esta hermosa capilla.

HERIBERTO MONTIEL
